lunes, noviembre 10, 2008

Capítulo octavo. Parte II


Comenzó a hablarme acerca de su relación con Aly que no era lo que él esperaba. Qué ella le había parecido distinta cuando empezó a interesarse por ella, pero que había cambiado. Que estaba distinta.

Yo le dije que no estaba distinta, que siempre había sido así, no sé cómo la conocía él, pero en cuanto a mí, no había ni un ápice distinto en su forma de ser o comportarse.

Me miró extrañado, cómo si yo le estuviese mostrando esa noticia que él no quería escuchar o creer.

Me dijo que si era verdad, que si ella sabía de coches, que si la gustaba leer, el cine….

Irónicamente le dije que siempre había amado todo eso, que era su perdición desde que era pequeña la lectura, los coches etc., etc.…

Se dio cuenta de que todo lo que le había contado era mentira, toda su relación era una farsa.

Por un lado me daba pena, pero por otro la culpa era suya por no ver más allá de lo que cuenta una persona. No vio que se estaba confundiendo con Aly.

Pero ya no había marcha atrás, un bebé en camino no dejaba que se deshiciera de lo que había andado…. Y yo ahí ya no pintaba nada.

Hice un amago de irme pero el me paró agarrándome del brazo. Se levantó y su intención era la de besarme otra vez. Yo aparté la cara.

-Lo he hecho, no he caído esta vez, y ya no lo haré nunca.

Yo cogí mis cosas y me largué. Ya estaba, lo había rechazado, espero que con eso ya me deje en paz.

Pero al salir de la cafetería el me siguió corriendo, y se puso delante de mí cortándome el paso.

Yo me moví para ambos lados, pero él no me dejaba pasar. Me agarró del brazo y me llevó para su coche donde me hizo subir y arrancó.

Yo no entendía nada de lo que estaba ocurriendo en ese momento, estaba sucediendo algo que no me había imaginado.

No tenía el control de la situación y eso no me gustaba nada, no sabía que iba a pasar, ni siquiera lo intuía, y eso nunca me ha gustado.

Tenía esa sensación de que algo iba a salir mal, sentía que no se había dado por vencido y hasta que no consiguiese lo que él quería no me iba a dejar tranquila.
Y no me gustaba hacía dónde me llevaba…