domingo, noviembre 09, 2008

Capítulo octavo, Parte I


“Hoy en el filo de la navaja me encuentro a la espera de que alguien compadre me venga a ayudar.”

“Y sé que este sentimiento se hace cada vez más fuerte, pero crece aún más el deseo de verte lejos de mi vida, el deseo de olvidarte….”

Había llegado el gran día, por la tarde acabaría todo de una vez. Era el tan anhelado final por mí.

El trabajo esa mañana se me hizo eterno. Y eso que me encanta trabajar allí. Supongo que era por lo nervios de lo que se me avecinaba. Los nervios normales, supongo.

Uno de los chicos me trajo a casa, donde comí tranquilamente, pensando en cada una de las palabras que tenía que decir. Pensado en todo mi discurso. Calculando cada acento de cada palabra. Pensando en sus reacciones.

Pero algo hacía que no las tuviera todas conmigo y era simplemente el no saber que era lo que él me quería contar.

-La inquietud de no saber qué me quiere decir me está matando, no se si seré lo suficiente fría y fuerte como para no caer otra vez en sus embrujos. Pero esta vez no me puedo mostrar débil… No ESTA VEZ NO.

Poco a poco iban pasando los minutos y la hora se acercaba. A última hora ya no sabía si quería ir o no.

Llegué por fin a la cafetería, llegué tarde a propósito, no quería esperar, y no quería que el pensase que yo estaba impaciente. Y además de eso aparecí como si no me importara lo más mínimo de lo que me quería hablar.

Me senté justo en frente de él. Me lo quedé mirando con aire distraído. Estaba esperando a que me hablara pero no arrancaba. Así que decidí empezar yo con un enhorabuena papá, sonriéndole.

Creo que eso le dolió ya que no se lo esperaba de mi parte, me dio las gracias simplemente por educación.

Seguía sin arrancar, así que volví a sacar ese tema de conversación, preguntando si había pensado algún nombre para el bebé, ya que Aly me había estado diciendo un montón de ellos tanto para chica como para chico.

Él me miraba con cara de enfado, así que como no quería mentar ese tema le pregunté por qué me había estado llamando tantas veces para hablar si cuando llega el momento no abre la boca.

Me estaba poniendo enferma tanto silencio. Así que cogí mis cosas y me largué. Pero el me dijo que no me fuera que hablaría.

Me volví a sentar.